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La escalivada sigue siendo una de las técnicas culinarias más antiguas de Cataluña. Su etimología se remonta a la palabra latina calivu, que significa simplemente caliu (brasa).
El sabor característico del plato es el de las verduras asadas al calor de un fuego de encina, aunque la mayoría de los catalanes tienden a preparar la escalivada en sus hornos para las comidas cotidianas.
La escalivada puede servirse como plato principal si se acompaña de una coca de recapte (con butifarra o anchoas), o como guarnición de carnes o pescados a la brasa. Para disfrutarla como lo haría cualquier buen catalán, cómala sobre un trozo de pa amb tomàquet.



